Mario hace parte de una dinastía de pintores y restauradores de cuadros. Con Juan Almela Melia su abuelo, nativo de Valencia, Pablo su padre, contemporáneo de Bardasano y de Remedios Varo, a quién conoció en la prestigiosa Academia de San Femando en Madrid, y de García Lorca con quien realizó un teatro itinerante a través de España, Mario continua una dinastía. Mario creció en el olor de la aguaza, de los solventes, de los pigmentos, con su papá, restaurador de los grandes maestros españoles. Como muchos refugiados españoles, la familia Almela llegó en 1939 a México. Mario nació un poco después y la familia conservó la red de intelectuales con la que se reunía en los cafés de la época. Los secretos de un restaurador solamente se comparten de padre a hijo.
La composición de los solventes utilizados para la limpieza de un cuadro son secretos, pero Mario quien restauró más de un Velázquez, Murillo, Greco en su vida, quisiera compartir con Casas&Gente los principios básicos de la buena conservación de un cuadro. Lo más importante para la conservación de un cuadro es su ubicación, su colocación es clave. Un muro demasiado seco o demasiado húmedo, una corriente de aire como en los pasillos de los conventos, una chimenea que puede calentar la tela, todo es fatal para un lienzo. Es mejor siempre poner un cuadro valioso o de valor sentimental, sobre un muro interior y no en una pared que del otro lado recibe lluvia o sol. Si es el caso es siempre bueno compensar la agresión exterior con un recipiente con sal al lado de la pintura, para un muro húmedo; o un florero lleno de agua, si el otro lado del muro exterior recibe mucho sol. Una tela está viva y debe guardar su elasticidad, ni demasiado seca, ni demasiado húmeda.
Poca gente sabe que un óleo se seca en cien años, entonces es mejor poner el barniz lo más tarde posible en el proceso de secado y de quitar si es necesario para limpiar lo más tarde posible. Quitar un barniz antes de cien años de edad, siempre expone al restaurador a quitar también un poco de los pigmentos. Misma cosa con la tela. Es poco recomendable poner una nueva tela cuando no es totalmente necesario. Las obras sobre madera no escapan al cambio de clima que estamos viviendo. Aunque seca y antigua, la madera está viva y continua trabajando con los cambios de temperatura y de condiciones hidrométricas. Las mismas recomendaciones se aplican para óleo sobre madera.
Antes de dejarnos, Mario Almela nos da un último consejo: "Por favor no pongan sus telas preferidas a la luz directa, para evitar un trabajo demasiado importante al restaurador futuro." El taller de Mario estaba lleno de sus propias telas, paisajes
de luz, con un pincel enérgico, que hace la conexión entre su España perdida y el México luminoso.
México, DF, noviembre 2008